Con una participación excepcional y un recorrido muy selectivo fuimos a parar a Lucena para disputar este sabado por la tarde el campeonado de Andalucía del 2008.
5 vueltas a un circuito por los alrededores de la localidad cordobesa, con una primera parte que picaba considerablemente hacia arriba, un tramo de curveo con repechos, salida a la nacional y entrada otra vez a Lucena.
Llegué justo a tiempo para ver al granadino Francis Atero del Tech-Luz proclamarse campeón de Andalucía master-40 en un formidable sprint. Al llegar le pregunté al Cañi como le habia ido y el pobre estaba tan mareado que apenas coordinaba palabra, habiendo llegado a vomitar durante la prueba.
Es muy digno de mención que en master-50 se proclamó subcampeón de Andalucia nuestro paisano Serrano, de la unión ciclista Martinez Oliver, superando con creces todas las espectativas que se habian depositado en el.
El turno llegaba para los senior y master-30, con la incomodidad de tener que firmar antes de tomar la salida todos a la vez, lo que provocó que salieramos con una media hora de retraso sobre las 18 horas previstas inicialmente.
La mala suerte le tocó a Juan Carlos Chacón que pinchó a los escasos 3 km de salir. Francisco Reyes "tanque" realizó a la perfección las labores de director, le cambió la rueda con una rapidez asombrosa, pero el ritmo de cabeza era infernal y no consiguió enlazar.
Pepe Lorente y señora Charo nos ayudaron gentilmente a darnos agua en el paso por meta, algo de muy agradecer debido al calor reinante.
Pepe Padilla vino de Valencia con las mejores intenciones, y estuvo muy activo durante la prueba, pero todo el mundo sabedor de como se las gasta, no le permitían la mas mínima aventura, y siempre estuvo muy marcado.
En la recta de meta Antonio Padilla encaró la ultima curva en muy buena posición y lanzó el sprint demasiado pronto, con la fatalidad de que lo sobrepasaron practicamente en la línea de meta.
Por mi parte tuve una averia en la bici nada mas descargarla del coche y no me pasaba de la corona 17, con lo que fui demasiado atrancado para mi gusto y sufrí los temidos calambres.